Redefiniendo el Liderazgo
En los modelos prevalecientes de liderazgo el patrón que se repite es la imagen de un líder ejerciendo influencia sobre un grupo sometido, pasivo o, en el mejor de los casos, reactivo.
Esta situación se da de tal modo que siempre hay dos sujetos en cuestión, enfrentados. El del poder y el que no lo tiene y lo reclama, o se lamenta de no tenerlo. Consecuentemente se genera una relación lineal en la cual los extremos, conformados por estos dos actores, están en permanente conflicto, tensión y negociación, o aún en lucha abierta.
En las organizaciones sean estas privadas, gubernamentales, políticas, gremiales y aún en las organizaciones no gubernamentales y sin fin de lucro, la racionalidad que se repite, acepta y legitima, es la lucha por la apropiación de unos recursos escasos por parte de los diversos actores, distribución en la que las porciones significativas sólo son capturadas por algunos miembros, generalmente los directivos o eventualmente los técnicos, que así obtienen el control y ejercen su poder sobre el resto.
Cuando se les pregunta sobre el conflicto y lucha para obtener control, generalmente surge un discurso justificativo: el conflicto es inevitable, está en la naturaleza humana, y aún más, se lo legitima como una dinámica válida para que la organización logre el cumplimiento de sus objetivos.
Este uso y abuso de estas acciones por parte de personas dentro del ámbito organizacional, implica una fuerte matiz de carencia en materia de participación verdadera, y surge de la falta de visión para el crecimiento orgánico e integral, haciendo que muchas de estas organizaciones desaparezcan y se desmiembren, mientras que otras atrapadas en el corsé de estos liderazgos personalistas, sean autoritarios, manipuladores o paternalistas, se mantienen en una meseta sin lograr mayor desarrollo. Así, en vez de ser un medio para servir a la sociedad, la organización se persigue autoreferentemente a si misma y llega a ser un trastorno y carga para la sociedad.
La clave para trascender esta dificultad reside en la participación plena. Esa clase de participación que mantiene el delicado pero creativo equilibrio entre las motivaciones de todos y cada uno de sus miembros, y la dirección hacia el cumplimiento de su misión institucional.
El concepto fundamental que sostiene este otro modelo organizacional, es que los intereses superiores puestos en el logro de los objetivos trascienden las motivaciones de los individuos. Pero lo que trasciende no anula, sino que incluye y perfecciona. El aporte personal cobra significado paradójicamente al diluirse en la construcción colectiva, y pone en movimiento a la organización. Le da vida.
Una organización de esta naturaleza suele contar con recursos financieros reducidos, y en general mantiene niveles modestos de remuneración. Esto obedece, entre otros motivos a que la organización no responde a la maximización de los beneficios ni a los mecanismos de mercado y entrega mucho en modo de gratuidad. Por ello es sustancial lograr un alto nivel motivacional, de unidad grupal, y generar colectivamente un universo valórico-simbólico compartido, no sólo por lo que esto tiene de deseable en sí mismo, sino también como garantía de permanencia de los colaboradores de la organización, evitando la alta rotación que en términos generales se verifica organizaciones sociales que mantienen el patrón conflictivo.
Es sustancial lograr climas, espacios y metodologías que permitan a todos los miembros expresarse y sentirse parte, y generar sentimiento de pertenencia.
Y aunque esto, -a diferencia de empresas que intentan motivar mediante la cosmética participativa o el voluntariado corporativo a sus empleados a fin de aumentar finalmente sus utilidades-, no se hace con fines económicos, complementariamente permite resolver inclusive los problemas financieros, debido a las siguientes razones:
-Los miembros se sienten parte de un todo y ese todo también les pertenece, por lo cual van a esforzarse por encontrar soluciones ante crisis de sustentabilidad económica de su organización.
-La participación plena incrementa la creatividad colectiva en la búsqueda de soluciones y estrategias de financiamiento.
-En caso de crisis de financiamiento, la unidad grupal consultivamente fortalecida disminuye las tensiones entre los miembros, los cuales están además dispuestos a sobrellevar las dificultades por períodos más prolongados.
En el contexto de este tipo de organizaciones toma relieve la labor de un líder comunitario que, haciendo el uso adecuado de sus funciones, actúa como un catalizador, como facilitador preparando los medios para que todos intervengan y sean artífices en la construcción de un saber integral en pos del bien de su comunidad.
En este proceso en el que por la interacción de las partes emana la sinergia organizacional, el líder se coloca detrás del equipo y lo ayuda a descubrir bajo el lema de unidad en diversidad el camino ante los desafíos, ya que el mismo sabe que más allá de las personas lo que vale son las acciones de conjunto.
En el mediano plazo ese líder va perdiendo protagonismo y se va nivelando con el resto de los miembros de la organización. Pero no es una nivelación por defecto, si no porque él mismo crece y sus compañeros lo hacen aún más. Economía de la abundancia, sinergia que permite incrementar ilimitadamente el todo organizacional.
Es allí que ante los logros organizacionales todos se dicen “qué bien lo hicimos”
A la larga el líder comunitario se diluye como una figura de sal en el mar, y así habrá dado paso a un nuevo liderazgo en el que el poder está dado por todos y en beneficio de todos.
La organización, la comunidad, el colectivo, líder de sí mismo.
Y el proceso se proyecta hacia espacios más amplios, cual anillos concéntricos. Esa organización que se lidera a sí misma, vuelve a tomar el rol del líder orientado al servicio en su contexto, en su comunidad.
Hasta abarcar la sociedad toda.
Haleh Maniei
Coordinadora del Boletín Unid@s
hmaniei@unida.org.ar